El Pequeño Saltamontes

Escritos profundos, reales o imaginarios, pero honestos

Esta es una reflexión post-covid.

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Hay dos tipos que nos joden la vida, están llenos de todos los pecados capitales, pero los dos más serios son la soberbia y la avaricia.

Soberbia porque no aceptan que están actuando mal, llevando a un país a la pobreza y el atraso económico. Ellos detentan la verdad y sus órdenes son leyes. Se sienten perfectos.

Avaricia, porque tienen una sed desmedida de poder y dinero. El dios de ellos es el poder político, el control a toda costa para mantener la hegemonía y vivir como verdaderos reyezuelos, rodeados de lujos y comodidades. No les importa el bienestar del pueblo.

Esta gente son dinosaurios, pertenecen a especies en extinción pero que continúan jodiendo al pueblo.

Comenzaron como un movimiento revolucionario de corte marxista-leninista, eso no era un secreto. En su afán por alcanzar el poder, se agruparon con diferentes fuerzas políticas para derribar a la dictadura que gobernaba el país.

Una vez en el poder, hicieron a un lado a todos los que de una u otra forma, habían contribuido a desbaratar la dictadura de turno. Comenzaron desde temprano a confrontarse con el “imperialismo yanqui”, sin ninguna necesidad, sin ninguna justificación, más que la de querer igualarse a las otras dictaduras comunistas. La política de guerra y confrontación produjo una reacción, grupos armados se establecieron en las fronteras de países vecinos, y esto les dio más pretextos para promover el ambiente de guerra. La economía del país se desplomó, la prosperidad fue cosa del pasado.

Con el correr de los años, ese grupo dizque revolucionario, tuvo que ceder ante la presión internacional, y la propia presión interna. Perdieron el poder formal, pero continuaron fraguando desestabilización y protestas callejeras. Estaban a sus anchas, cobijados bajo el paraguas de la democracia nueva que estaba naciendo en el país.

Producto de pactos y tráfico de influencias, repartición de los poderes del estado y divisiones en el partido político más fuerte, lograron que los votos se dividieran para ventaja del partido marxista. Conquistaron nuevamente el poder. Han ejercido un control absoluto en toda la esfera de la vida política, económica y judicial del país.

Yo pronostico otra debacle económica para 2022, más pobreza, menos inversiones y más migración.

¿Adivinen de quién estoy hablando ?

Esta gente son dinosaurios, de marxistas-leninistas no tienen absolutamente nada, son más capitalistas que Donald Trump y más corruptos y asesinos que el Chapo Guzmán.

Necesito saber y creer que esta gente es una especie en vías de extinción.

Comencé este domingo, tomando una fuerte taza de café. Veo a mi hermana y mi mamá preparando las flores que depositará hoy en la tumba de nuestros difuntos. Mi hijo Joshua está sentado viendo videos en el celular.

Hay una pregunta que me da vueltas en el cerebro, ¿tiene significado la vida?, ¿hay un motivo para seguir existiendo después de sufrir tantas experiencias nefastas, algunas al borde de la muerte? Vemos tantas tragedias, que no hace falta adivinarlas, basta con hojear la internet, asesinatos, accidentes, muertes accidentales, enfermedades incurables, ataque de pitbul a un par de gemelitas, presos políticos encerrados más del tiempo judicialmente permitido.

Los motivos para no vivir son mucho más grandes que los motivos para vivir, pero estos pocos motivos para vivir, deben pesar miles de toneladas más que los motivos para no vivir.

De eso se trata la vida, de comparar el peso entre continuar la vida con alegría, y la de no seguir viviendo, porque en realidad, no tiene sentido, vivir una vida quejándose de la vida que vivimos.

Si estamos convencidos que no vale la pena vivir, ¿por qué no tenemos el valor suficiente a poner fin a nuestra existencia? Podrá deberse a que en el fondo de nuestra conciencia, sabemos que la vida vale más que el misterio de la muerte. Ese misterio quedará relegado a un futuro próximo.

Por el momento, me dedicaré a descubrir si vale la pena vivir.

Después de sobrevivir al COVID, muchas personas me dicen que Dios tiene un propósito para mí, pero que yo debo encontrar ese propósito. En lo profundo de mi cerebro, alcancé a evaluar dos opciones: si muero, al menos me libro del sufrimiento de las deudas, pero dejo huérfano a mi hijo de ocho años. Si logro sobrevivir, Dios quiere que pague las deudas y seguir viviendo para lograr que mi hijo crezca y sea “alguien en la vida”.

Cuando desperté, después de varios días en la UCI, sentí como si emergía de las aguas, y volvía a respirar. Una serie de molestias y problemas de salud me esperaban, pero al menos estaba vivo, desesperado por salir del hospital cuanto antes.

Me da pena decirlo, pero sigo sin saber cuál es el propósito que tiene Dios conmigo, o si a la inversa, yo debo crear, hacer ese propósito y encomendarle a Dios, que me ilumine y me guíe.

Qué mejor trabajo el que me queda por delante, que educar a mi hijo Joshua, de ocho años, darle mis consejos, orientarlo y servir de guía espiritual en esta larga carrera que él tiene en la vida.

Acabo de ver el documental en Netflix sobre los eventos de la Segunda Guerra Mundial. Sobre la mesa, se colocan las decisiones éticas o no, para la matanza de millones de seres humanos.

El bombardeo en Dresden, en Tokio, Nagasaki e Hiroshima, quedan en el olvido, pero no creo que hayan sido decisiones éticas. Lo moral o ético, siempre conduce a caminos más lentos de solución, que a la postre cobra igual número de vidas.

El exterminio de millones de judíos en los campos de concentración nazi, tampoco fue ético, fue claramente, obras del mal. Sin embargo, la historia siempre la interpreta el vencedor. Se conoce mucho más de los campos de exterminio que las muertes por los bombardeos aliados. La guerra no ennoblece a nadie, los valores éticos sobran.

Nadie conoce de los católicos que murieron en Nagasaki, ni de la población calcinada horriblemente.

Hay alrededor de 15,000 bombas nucleares actualmente, que detonadas juntas harían explotar el planeta. ¿Será ético mantenerlas en las bodegas ?El equilibrio militar depende del número de bombas en resguardo. Estas bombas son las monedas que compran la estabilidad del planeta, hasta que surja una nueva moneda que sea más potente y novedosa, que rompa el balance militar.

Mis estimados lectores:

Estuve fuera de la red, por casi un mes. Durante parte de agosto y mediados de septiembre sufrí los mordiscos del COVID y los arañazos de la muerte. Fui entubado, por 10 días de pesadillas. Salí hecho leña, sin poder caminar ni hablar bien. Pasar inmóvil y sin recibir alimentación solo por sondas, hizo que mi cuerpo extrajera recursos de mi carne. Salí flaco y pálido.

Agradezco al personal médico del Hospital Bautista donde estuve internado. Es el momento y todavía me siento débil y con cansancio al ejecutar alguna tarea por cierto tiempo.

Estoy cumpliendo un mes desde que me dieron de alta, el 15 de septiembre y ya tengo fuerzas y ánimo de escribir estas líneas. También le debo mucho de esta recuperación al esmero y cuido de mi mamá y de mi hermana, que se han portado como unos verdaderos ángeles.

Cuando me ingresaron a la UCI me dí por muerto, sabía del riesgo que corría. En un delirio provocado por el sedante, pedía morir, porque ya no aguantaba más la presión sicológica de sentirme atrapado en una bóveda, sin saber si a alguien le importaba mi suerte. Mi petición no llegó, gracias a Dios, era mi cerebro en lucha por mantenerse vivo, mis otros órganos se portaron de maravilla, no me dejaron morir.

Dios me ha dado una segunda oportunidad para continuar esta lucha, en que tengo como meta, lograr que mi hijo Joshua, sea un adulto responsable, creativo, con ideas y de valor para la sociedad. Mi niño es mi estrella. No lo tengo conmigo, está donde su mamá. Por ciertas razones, nos separamos a raíz de mi hospitalización.

Como conclusión, quiero animar a los que me leen a que bajen la guardia ante el COVID. No nos confiemos, porque este virus es un fantasma que acecha para matarnos. Cada cuerpo reacciona diferente, cada sistema inmunológico batalla con sus propias armas. Hay jóvenes que mueren rápido, hay personas mayores, que han salido adelante, y se han recuperado.

Bendiciones y ojo con confiarse ante el COVID.

Desde ayer tenía ganas de escribir sobre esas dos palabras “fidelidad” y “lealtad”. ¿Son sinónimos?

Un sondeo rápido indica que no son términos iguales, veamos este sitio web: https://mejorconsalud.as.com/diferencia-existe-lealtad-fidelidad/

Con el par de conceptos aclarados más abajo, considero que la base en la que se sostienen las organizaciones criminales es la lealtad al amo. Deben estar ahí, aunque le den patadas. La fidelidad no tiene nada que ver con los clanes mafiosos. La única virtud que predomina es la “lealtad”.

¿Qué es la lealtad?

Para definir con claridad lo que es la lealtad la podemos explicar de la siguiente forma: es el apoyo que una persona profesa a otra en situaciones difíciles manteniendo acuerdos que se han hecho. Una persona leal jamás habla por detrás de otra, no la engaña, no la vende.

Los perros son animales de compañía considerados de los más leales. La razón está en que siempre van a estar ahí. De hecho, su lealtad nunca se quiebra. Aunque venga otra persona que les dé más cariño, ¿con quién vuelven? Con su verdadera familia.

¿Qué es la fidelidad?

La fidelidad se diferencia de la lealtad en que es un compromiso moral. Se trata de una opción, pues se trata de aceptar un compromiso que se adquiere con conciencia y verdad.

Este no es el caso de la lealtad; no hay un compromiso moral, sino más bien una voluntad para estar ahí incluso cuando la otra persona no lo está mereciendo.

Una persona puede ser leal, pero no fiel. El problema de la fidelidad es que se presuponen cosas que deben hablarse.

Vivo en ese país que tendrá unas supuestas elecciones en noviembre, con varios presos políticos en que el común denominador es que todos ellos quisieron ser presidente del país, luchando contra una élite armada. Hay presos por ondear una bandera, presos por no ser afín al régimen.

Es fácil pensar que el país está dividido, confrontado, fragmentado políticamente. No lo veo así. La división es de tipo moral y ético, no político.

Todos queremos un país democrático, en libertad, en paz, armonía y progreso. Todos quieren ese sistema propio de países del primer mundo, en que las leyes se respetan y no se manipulan, en que se castigue a los ladrones y violadores de las leyes, en que el tráfico de influencias también es un delito. Se quiere un sistema que castigue a los corruptos.

Pero el asunto no es solamente, “querer”. Es hacer y pensar y actuar conforme a valores éticos y morales.

Hay buenos y malos, ¿en qué bando estás? Del lado de los buenos, dirán todos. Pero, no hay un código que me indique que yo miento, porque mis actos contradicen lo que digo. Esto refleja una absoluta carencia de valores morales. No me importa matar con tal que conseguir el poder, no me importa denigrar a mis propios camaradas con tal de sobresalir.

Todos tienen una infinita ambición de poder, lo cual no permite la unidad de conciencia, ni permite ver lo que está mal y lo que está bien. Están enceguecidos por la avaricia y la soberbia. El país vive y está cosechando las décadas de abonar a un sistema sin valores morales. La cosecha es este monstruo ciego y obeso, que está matando a todos por igual.

Tanto buenos como malos, están enclaustrados en sus jaulas, aquéllos en sus jaulas de oro, que no les permite disfrutar de libertad. Los otros, en las jaulas de barrotes fríos y nauseabundos en donde los han encerrado los que viven en jaulas de oro. El encierro es el mismo, de tipo moral y ético, no ideológico ni político. Porque, al fin y al cabo, si hacen un intercambio de jaulas, los nuevos inquilinos de las jaulas de oro no serán capaces de aborrecer la nueva jaula.

El país no está dividido política ni ideológicamente, sino dividido por los valores morales y éticos. En el momento en que todos los que viven en este país comiencen a hablar otro tipo de lenguaje y código, las cosas comenzarán a marchar mejor.

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